Haba tonka en perfumes

La gama de especias y otros productos aromáticos que podemos emplear en la cocina es enorme, y cada vez resulta más sencillo encontrar determinadas variedades de las que hasta hace poco ni siquiera conocíamos su existencia. Eso es lo que me ha ocurrido con el haba tonka, cuyo exótico nombre me sorprendió al encontrarlo por primera vez en una receta, pero que se ha convertido en un ingrediente más en muchas despensas.

El haba tonka es en realidad la semilla del árbol Dipteryx odorata, de la familia de las fabáceas, originario de las tierras bañadas por el Orinoco en la América tropical. El término tonka parece provenir de la lengua hablada por los nativos de la Guayana francesa, siendo Francia el primer país occidental que importó estas semillas. Empezó a utilizarse como aromatizante para el tabaco, pero pronto se convirtió en un ingrediente habitual en repostería y cosmética.

Son semillas alargadas, de un tamaño que no suele superar los dos centímetros, cubiertas por una capa rugosa negra, que oculta a modo de cáscara un interior de color más claro de textura gomosa dura. Tiene un aroma penetrante con distintos matices que pueden recordar a otras especias.

En 1868 se descubrió que esta semilla contiene cumarina, un compuesto químico que en grandes dosis puede afectar a la coagulación de la sangre, por lo que un consumo elevado puede ser mortal. Por este motivo su uso alimentario está prohibido en algunos países como EEUU, aunque en Europa se puede conseguir sin problemas en tiendas especializadas en especias.

 

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